Mercadologo y Comunicador
Editorial:
Por Primitivo Gil, director.
Hoy, en la República Dominicana, se conmemora un día trascendental: el Día
Nacional de los Ayuntamientos, ocasión propicia para hacer una pausa y evaluar
con mirada crítica la labor de los gobiernos locales. ¿Están realmente cumpliendo
su rol como primeros garantes del bienestar ciudadano? ¿O se han convertido en
estructuras atrapadas en la inercia del clientelismo y la opacidad?
La Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios establece las competencias,
responsabilidades y límites de los ayuntamientos. Sin embargo, ante los desafíos
actuales, surge la pregunta obligada: ¿necesita esta ley una reforma profunda
para adaptarse a los tiempos que vivimos?
Los ayuntamientos, por su cercanía con la gente, deberían ser las instituciones
más sensibles, ágiles y eficaces en la solución de problemas cotidianos. Pero
muchos se han alejado de esa visión, debilitados por prácticas clientelares, el uso
político de los recursos públicos y una marcada falta de transparencia.
¿Dónde están los informes públicos claros? ¿Dónde está la rendición de cuentas
periódica, accesible y entendible para el ciudadano común?
La ética y la transparencia deben ser los pilares de cualquier gestión municipal.
Sin ellas, no puede haber desarrollo sostenible, ni participación real, ni mucho
menos esperanza.
Hoy más que nunca, urge repensar el rol del gobierno local y superar ejes
estructurales que frenan su avance:
1. La profesionalización de la gestión municipal.
2. El fin del nepotismo y los contratos «a dedo».
3. El fortalecimiento del control social y de las veedurías ciudadanas.
4. La descentralización real del presupuesto nacional.
¿Controversia actual? Un tema candente que merece debate es el manejo político
de los cabildos tras las elecciones municipales recientes: ¿se están usando los
recursos municipales para premiar militantes y castigar adversarios? Esta
práctica, si se confirma, no solo erosiona la institucionalidad, sino que también
socava la credibilidad del sistema democrático.
En este Día de los Ayuntamientos, más que celebrar, debemos exigir. Porque los
pueblos no solo merecen calles limpias y luces encendidas: merecen dignidad,
gestión honesta y visión de futuro.
