Mercadologo y Comunicador
NUESTRO EDITORIAL
Cuando un agente olvida que su misión es proteger la vida, deja de honrar el uniforme y debe responder con todo el rigor de la ley, eso espera la sociedad
Por Primitivo Gil.
Director de Todo en el Punto #todoenelpuntotv
La muerte de un joven de apenas 19 años, presuntamente a manos de un agente de la Policía Nacional, ha estremecido la conciencia de la República Dominicana. Ninguna familia debería recibir la noticia de que un hijo perdió la vida a manos de quien juró protegerla.
La vida humana es sagrada. No importa la edad, la condición social o las circunstancias: el respeto a la vida debe prevalecer siempre. Cuando un miembro de un cuerpo llamado a garantizar el orden y la seguridad actúa al margen de la ley y de los principios que rigen su investidura, no solo causa un daño irreparable a una familia, sino que también hiere la credibilidad de toda la institución.
Las declaraciones del presidente Luis Abinader reflejan la responsabilidad que le corresponde como jefe de Estado en un momento en que el país impulsa una profunda reforma policial. La modernización de la Policía Nacional no puede limitarse a cambios administrativos; debe traducirse en una cultura de respeto absoluto a los derechos humanos, al uso proporcional de la fuerza y a la rendición de cuentas.
Lo ocurrido no puede verse como un hecho aislado ni quedar impune. Corresponde ahora al Ministerio Público y al Poder Judicial realizar una investigación objetiva, transparente y apegada a la ley, garantizando que se establezcan las responsabilidades y que se imponga la sanción que corresponda conforme al ordenamiento jurídico.
Quien utiliza un uniforme para abusar de su autoridad deshonra a la institución que representa y traiciona la confianza de la ciudadanía. La inmensa mayoría de los buenos policías merece que quienes actúan al margen de la ley respondan por sus actos.
Hoy una familia llora la pérdida de un hijo. El dolor es inmenso y la indignación nacional es comprensible. Pero la respuesta de un Estado democrático debe ser la justicia, no la impunidad.
Porque lo que está mal, está mal. Y debe ser condenado con toda la firmeza de la ley. Solo así podremos construir una Policía cada vez más profesional, humana y digna del respeto y la confianza del pueblo dominicano.
Ésto no puede seguir pasando en eun régimen democrático, como el que vivimos en la República Dominicana.
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