Editorial | Presupuesto complementario: prudencia fiscal en tiempos de incertidumbre
Por: Primitivo Gil, director.
La economía mundial atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, las amenazas a las rutas marítimas estratégicas, particularmente en el estrecho de Ormuz por donde transita una parte significativa del petróleo que consume el mundo y la incertidumbre generada por los conflictos internacionales continúan presionando los mercados, los costos energéticos y las perspectivas de crecimiento global.
En este escenario, la República Dominicana no es una isla económica. Todo lo que ocurre en los grandes centros de poder económico y comercial termina teniendo repercusiones en el precio de los combustibles, los alimentos, el transporte y, en consecuencia, en el bolsillo de los dominicanos.
Por ello, el sometimiento de un presupuesto complementario para el año 2026 debe analizarse con objetividad y responsabilidad. Más allá de los titulares y las cifras, es importante comprender que el Estado necesita herramientas que le permitan responder oportunamente a las dinámicas económicas que cambian durante el ejercicio fiscal.
Al comparar los montos reformulados de los últimos tres años, el presupuesto complementario sometido para el 2026, por RD$40,978 millones, se mantiene dentro de parámetros razonables y considerablemente por debajo del incremento aprobado en el año 2025, que superó los RD$69 mil millones. Esto demuestra que no se trata de una medida extraordinaria o desproporcionada, sino de un instrumento que el Gobierno ha utilizado para adecuar las necesidades del país a la realidad económica del momento.
La población puede estar tranquila. Un presupuesto complementario no significa, por sí mismo, que vendrán aumentos automáticos en los precios ni que el país se encuentre ante una crisis fiscal. Por el contrario, cuando está sustentado en mayores ingresos y en una planificación responsable del gasto, constituye una herramienta legítima de política económica.
El verdadero desafío está en la conciencia y la responsabilidad con la que el Gobierno administre estos recursos. Cada peso adicional aprobado debe responder a prioridades nacionales, fortalecer la inversión pública productiva y contribuir a preservar la estabilidad macroeconómica que ha caracterizado al país en los últimos años.
Asimismo, el mensaje hacia los inversionistas nacionales y extranjeros debe ser claro: la República Dominicana continúa siendo una economía estable, con instituciones capaces de adaptarse a los desafíos internacionales sin comprometer su crecimiento. La prudencia fiscal, la transparencia y la estabilidad jurídica siguen siendo los principales activos del país para atraer capitales y generar empleos.
Hoy, más que nunca, el Gobierno está llamado a actuar con equilibrio. Las decisiones económicas no pueden tomarse de espaldas al contexto internacional. El conflicto en el Medio Oriente, las presiones sobre los mercados energéticos y las amenazas a las cadenas de suministro obligan a los Estados a prepararse para escenarios cambiantes. Tener capacidad de maniobra presupuestaria, lejos de ser una debilidad, puede convertirse en una fortaleza cuando se administra con visión y responsabilidad.
La economía dominicana ha demostrado resiliencia frente a crisis internacionales, pandemias y choques inflacionarios. Esa fortaleza debe preservarse mediante políticas públicas prudentes y oportunas.
El presupuesto complementario para 2026 no debe verse como motivo de alarma, sino como una oportunidad para continuar fortaleciendo la capacidad de respuesta del Estado ante un mundo cada vez más incierto. La tranquilidad de la población dependerá, en última instancia, de que los recursos públicos sean utilizados con transparencia, eficiencia y con un único propósito: garantizar el bienestar y el desarrollo sostenible de todos los dominicanos.
En tiempos de incertidumbre global, el equilibrio fiscal y la confianza siguen siendo las mejores inversiones de un país.

