EDITORIAL
Por Primitivo Gil | Periodista, Mercadólogo y Director de Medios
SANTO DOMINGO, RD. — Una encuesta no gobierna, no sustituye las urnas y tampoco debe convertirse en instrumento de propaganda. Pero cuando una medición de opinión pública coloca la aprobación de una gestión gubernamental en 56.3 %, frente a un 34.3 % de desaprobación, después de seis años de ejercicio del poder, el dato merece algo más que un titular: merece análisis.
Desde mi perspectiva de periodista, mercadólogo y analista político-social, el resultado de la más reciente medición de AtlasIntel, con corte al 29 de septiembre de 2026, representa una fotografía interesante del estado de ánimo de una parte importante de la sociedad dominicana.
Y la primera lectura es clara: el Gobierno de Luis Abinader conserva un capital de confianza considerable, pero no tiene un cheque en blanco.

El dato que realmente importa
Un 56.3 % de aprobación después de seis años significa que una mayoría de los ciudadanos consultados continúa otorgando una valoración favorable a la conducción gubernamental.
Pero hay otro número que no debe ignorarse: 34.3 % desaprueba la gestión.
Ese porcentaje representa un segmento social suficientemente importante como para recordarle al Gobierno que administrar el Estado no es solamente comunicar resultados; también implica escuchar inconformidades, corregir errores y responder a las necesidades que todavía permanecen pendientes.
En términos de mercadeo político, estamos frente a una marca gubernamental con saldo positivo, pero sometida a presión competitiva.
La diferencia entre aprobación y desaprobación es de 22 puntos porcentuales. Esa brecha constituye una ventaja política importante, pero su sostenibilidad dependerá de lo que ocurra con la economía, los servicios públicos, la seguridad, el costo de vida y la percepción de bienestar en los hogares.

¿Qué está reconociendo el ciudadano?
Hay una señal particularmente poderosa en la encuesta: turismo alcanza 71.19 % de valoración, seguido por agricultura con 57.67 % y cultura con 54.06 %. También superan el 50 % relaciones exteriores, obras públicas, educación, ambiente de negocios y comunicación.
Esto permite interpretar que una parte significativa de la población está reconociendo áreas donde el Gobierno ha logrado construir resultados visibles o, por lo menos, una percepción favorable.
El turismo es el mejor ejemplo.
República Dominicana ha convertido esta actividad en uno de sus principales motores económicos y de posicionamiento internacional. El propio Gobierno ha colocado el sector como uno de sus principales logros y proyecta superar los 12 millones de visitantes durante 2026.
Desde el punto de vista del mercadeo, esto es fundamental: un gobierno gana percepción cuando sus políticas pueden ser asociadas con resultados que la gente puede observar, medir o experimentar.
La ecuanimidad como activo político
Hay otro elemento que considero relevante en la lectura política de estos resultados: la percepción de estabilidad y moderación en el ejercicio del poder.
Abinader ha intentado proyectar una imagen de administración institucional, de manejo relativamente equilibrado de los conflictos y de continuidad de políticas públicas, evitando convertir cada diferencia política en una crisis institucional.

Esa percepción puede convertirse en un activo de largo plazo.
Incluso, recientemente, el propio mandatario ha presentado como parte de su legado el fortalecimiento democrático y la decisión de establecer límites constitucionales a la reelección presidencial.
Independientemente de las simpatías o diferencias políticas que genere su administración, existe aquí un mensaje que merece ser observado: el poder también puede medirse por la capacidad de quien lo ejerce para saber cuándo debe utilizarlo y cuándo debe limitarlo.
Y eso, en una democracia, tiene valor.
La economía será la verdadera prueba
Sin embargo, sería un error interpretar el 56.3 % como una aprobación absoluta de todo lo que ocurre en el país.
La propia medición contiene una advertencia.
Mientras la gestión alcanza 56.3 % de aprobación, la valoración general vinculada con calidad de vida se sitúa en 42.16 %. Al mismo tiempo, un 47 % de los consultados considera que la situación económica mejorará, frente a un 30.4 % que espera un deterioro.
Aquí aparece el desafío central.
El ciudadano puede reconocer una buena gestión macroeconómica y, simultáneamente, sentir que su bolsillo todavía no recibe suficientemente los beneficios de ese desempeño.
Esa diferencia entre los indicadores nacionales y la experiencia cotidiana de las familias es uno de los principales retos de cualquier gobierno.
Porque la política no se gana únicamente con estadísticas de crecimiento.
Se gana cuando el ciudadano siente que puede vivir mejor.
¿Qué significa esto para el futuro del PRM?
Desde una perspectiva política, estos resultados también representan una señal importante para el Partido Revolucionario Moderno (PRM).
No significan automáticamente una victoria electoral futura, porque una encuesta de aprobación gubernamental no equivale a intención de voto. Pero sí indican que el oficialismo conserva un activo político que puede ser utilizado para construir su narrativa de continuidad y defender el balance de los gobiernos de Abinader.

El reto del PRM será convertir la valoración de la gestión en una percepción positiva de proyecto político, sin caer en el exceso de confianza.
Porque una cosa es que el ciudadano diga:
“Apruebo al Gobierno”.
Y otra muy diferente es que diga:
“Quiero que este partido continúe gobernando”.
Entre ambas afirmaciones existe todo un proceso de mercadeo político, gestión, credibilidad, liderazgo y construcción de confianza.
Abinader tiene una marca política construida
Desde el punto de vista de marca, Luis Abinader ha logrado consolidar determinados atributos alrededor de su figura: institucionalidad, estabilidad, moderación, gestión económica, apertura hacia el sector privado y una determinada visión de modernización del Estado.
No todos los ciudadanos necesariamente comparten esa valoración, pero los resultados de AtlasIntel sugieren que esos atributos continúan teniendo capacidad para generar respaldo.
La reciente distinción de la Americas Society, que otorgó al mandatario su Insignia de Oro por su liderazgo y contribución al desarrollo económico, democrático e institucional, también forma parte de esa construcción de imagen internacional.
Ahora bien, una marca política fuerte no puede vivir exclusivamente de sus éxitos anteriores.
Tiene que renovarse.
El verdadero desafío: convertir aprobación en legado
A mi juicio, el gran desafío de la segunda administración de Abinader no consiste solamente en conservar un porcentaje favorable de aprobación.
Consiste en transformar esa aprobación en legado.
Legado institucional.
Legado económico.
Legado social.
Legado democrático.
Y, sobre todo, legado ciudadano.
Porque al final de un período de gobierno, la historia no preguntará solamente cuánto aprobaba el pueblo al presidente en una encuesta.
Preguntará:
¿Qué país recibió y qué país dejó?
Una advertencia para el Gobierno
Los números son buenos para el Gobierno, pero no deben ser utilizados para ignorar las voces críticas.
El 34.3 % de desaprobación también habla.
Habla de ciudadanos que tienen preocupaciones, demandas o desacuerdos.
Un gobierno inteligente no combate esa cifra: la estudia.
Un gobierno políticamente maduro no intenta silenciar la crítica: la utiliza para corregirse.
Y un gobierno que aspire a dejar una huella histórica debe entender que gobernar para quienes lo apoyan es fácil; gobernar también para quienes lo cuestionan es la verdadera dimensión del liderazgo democrático.
Mi lectura final
La encuesta de AtlasIntel deja al presidente Luis Abinader en una posición políticamente favorable, seis años después de haber llegado al poder.
Pero más que celebrar el 56.3 %, el Gobierno debería preguntarse:
¿Qué debemos hacer para que ese respaldo se convierta en mayor bienestar, mayor confianza y mayor cohesión social?
El pueblo dominicano parece reconocer avances en sectores fundamentales. Pero también está observando.
La población quiere crecimiento, sí.
Pero quiere que ese crecimiento llegue a su casa.
Quiere instituciones fuertes, pero también servicios eficientes.
Quiere estabilidad, pero también oportunidades.
Quiere seguridad, pero también justicia.
Quiere obras, pero también mantenimiento.
Quiere comunicación, pero sobre todo resultados.
Y aquí está, a mi juicio, la mayor enseñanza de esta encuesta:
La aprobación es un reconocimiento; la confianza es una responsabilidad.
Luis Abinader y el PRM tienen todavía capital político.
La pregunta ahora no es cuánto vale ese capital.
La pregunta es cómo lo administrarán de aquí en adelante.
Por Primitivo Gil
Periodista | Mercadólogo | Analista político-social
Director de Medios
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