Editorial
El Movimiento Marcelino Vega pospone su asamblea por tensiones internas,
mientras crecen los cuestionamientos sobre la transparencia y la institucionalidad del gremio.

Por: Primitivo Gil, Director del periódico digital www.todoenelpunto.com
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), que debe ser bastión de unidad,
pluralidad y defensa del ejercicio ético del periodismo, vive hoy momentos críticos.
Este sábado 28 de junio, el Movimiento Marcelino Vega (MMV), principal fuerza del gremio, tenía pautada su asamblea nacional ordinaria para elegir sus candidatos a presidir el CDP, el Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Sin embargo, una fracción del movimiento ha decidido posponer dicha asamblea para el 12 de julio de 2025,
alegando haber recibido un acto de intimidación.
Este escenario de fractura interna no es solo una diferencia de fechas o posturas;
es la manifestación de un mal mayor: la falta de consenso, transparencia y voluntad institucional para proteger la estabilidad del gremio. El hecho de que las decisiones se tomen desde la desconfianza o bajo presión refleja una peligrosa cultura de improvisación y división, incompatible con la misión histórica del CDP.
¿Cuáles son los intereses reales en juego? ¿Por qué no se privilegia el diálogo
transparente y el respeto mutuo dentro del movimiento y del gremio en general? ¿Es que hay tanto por buscar o ganar en esta institución representativa, que se pierde de vista su carácter de servicio y vocación gremial?
Es legítimo preguntarse si el MMV, con todo su legado dentro del CDP, no se
encuentra hoy al borde de una inminente división. Y eso sería lamentable. Porque el país necesita una entidad gremial sólida, unificada y dirigida con principios democráticos. Los dirigentes actuales tienen el deber de preservar el legado recibido y abrir paso a nuevos liderazgos con visión plural.
Lo que está en riesgo no es una elección, sino el prestigio, la institucionalidad y el
futuro del CDP. Hoy más que nunca, se necesita evitar caer en la trampa de los
bandos y las agendas ocultas. La defensa del periodismo libre, ético y profesional
debe primar por encima de todo.
Quien decide asumir un rol de liderazgo dentro de una institución sin fines de lucro y de carácter gremialista, como lo es el Colegio Dominicano de Periodistas, debe entender que su función no es buscar beneficios personales ni imponer agendas particulares.
Su compromiso es con el fortalecimiento institucional, la defensa de los intereses
colectivos y la promoción de un ambiente donde prime la equidad, la ética y el respeto mutuo. Liderar en estos espacios exige vocación de servicio, transparencia y la capacidad de escuchar y consensuar, más que imponer.
El CDP no puede seguir debilitándose. No puede dar la espalda a las bases ni
alejarse de su misión fundacional. La desunión, el clientelismo interno, la
desmovilización de sus miembros y la falta de credibilidad institucional son peligros reales que amenazan su existencia.
La hora llama a la sensatez. A detenerse, reflexionar y actuar con madurez. Por el
bien del gremio, por el bien de la democracia y por el respeto que merecen todos los periodistas dominicanos.

