POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Sociólogo – Comunicador Dominicano
triffolio@gmail.com
La ciudad Primada de América ha sido vestida de sus mejores galas para la celebración de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, 2026.
Los escenarios deportivos lucen impresionantes rebosados de confort, orden y color.
Gran parte de la ciudad de Santo Domingo, la capital del país, proyecta la imagen de un ilusionante escenario preparado para una esplendorosa fiesta.
Los esfuerzos de la cúpula deportiva y las inversiones en infraestructuras del gobierno central, rondando los diez mil millones de pesos, han sido sumamente impresionantes.
A todo lo anterior, vale agregar que, para alegría de muchos, -hasta el presente-, el medallero se muestra estimulante y esperanzador para los dominicanos.
No obstante, el cuadro no parece estar completo.
ocurrido con muchas de las edificaciones y espacios donde hemos celebrado inolvidables competencias deportivas que han requerido de un ejemplarizante sacrificio y una significativa inversión económica.
La experiencia, con raras excepciones, obliga a no olvidar cómo el abandono de infraestructuras, costosísimas, que debieron servir para desarrollar la mente y el músculo, terminaron en óxido y maleza.
Esta observación no busca denostar.
Es todo lo contrario: es un acto de prevención.
Se trata de cuidar un bien público pagado por todos.
De exigir que la fiesta de hoy tenga continuidad mañana: con programas, escuelas y ligas que mantengan vivas estas instalaciones.
Porque una sede no se mide sólo por cómo luce en 15 días.
Se aquilata por lo que queda después.
Ojalá estas modestas observaciones no caigan en el abismo.
Ya veremos…
