Por Juan Cruz Triffolio
Sociólogo – Comunicador Dominicano
triffolio@gmail.com
Durante mis años mozos, allá en nuestro terruño natal, en la extensa y fértil región del Cibao, era frecuente escuchar sobre el perfil de un singular personaje denominado Checheré.
Luego nos enteramos de que tuvo su origen en la inventiva popular, en el imaginario colectivo y por tanto, su presencia física era ilocalizable.
No obstante, a viva voz, muchos aseguraban que lo conocían y que era un ente social con extraordinario poder para resolver problemas, sobre todo, aquellos relacionados con algunas patologías y dolencias humanas,
Para algunos fue un curandero, un brujo o un médico de monte de esos que “curaban con una botella, con una oración, con un té de anamú, entre otros recursos de la madre naturaleza”.
Decían que era el tipo que, según la gente, “salvaba hasta a los desahuciados”.
También otros resaltaban que, si un enfermo estaba grave y llegaba Checheré, se llevantaba de la cama inmediatamente.
El personaje en cuestión era asumido como el último recurso para los enfermos y cuando el médico del hospital decía «ya no hay nada que hacer», la gente clamaba:
-«¡Vamos a buscar a Checheré!»
Consecuencia de lo anterior, nació la frase que reza: «A ese no lo salva ni Checheré».
Con tal aseveración se procuraba aceptar que el caso estaba perdido, luciendo tan feo, podrido y fregado, que “ni el hombre que lo curaba todo puede hacer nada”.
Extrapolando “los supuestos poderes de sanación” que caracterizaron al egregio Checheré a la política de actualidad en el país, quizás sería interesante clonarlo en procura de enderezar algunos entuertos que proyecta el modelo de gobernanza encabezado por el licenciado Luis Abinader Corona.
Siendo optimistas, tal vez el pintoresco personaje reapareciera en el submundo gubernamental, interviniendo de una vez y por siempre para:
a)Hacer más y prometer menos.
b)Evitar la improvisación y valorar la planificación.
c) Limitar el endeudamiento interno y externo.
d)Enfrentar verdaderamente la corrupción pública de hecho, no de palabras.
e)Frenar el aumento exorbitante y continuo de la llamada Canasta Familiar, atendiendo a los reales niveles ingresos económicos de los hogares.
f) Hacer realidad la Reforma y Modernización de la Policía Nacional.
g)Superar el caos del transporte público.
h)Incentivar la producción y comercialización de la agropecuaria.
i) Eficientizar y humanizar el servicio de la salud en los centros públicos.
j) Garantizar la seguridad ciudadana, reduciendo la violencia, los atracos y la criminalidad.
k) Enfrentar los abusos en la facturación de la energía eléctrica.
l) Proteger a la niñez y los envejecientes, entre otros sectores poblacionales vulnerables.
Visto todo lo anterior, junto a otras realidades, es innegable que subsistimos en una República Dominicana enferma, traumatizada y en coma, donde urge la intervención de un Checheré dinámico y poderoso.
De ser así, aunque parezca atemporal, una vez lograda una auténtica coalición opositora, es posible que muchos de los aspirantes a cargos electivos, en el proceso electoral venidero, en representación del partido oficialista, les ocurra lo mismo que sucedía con algunos pacientes atendidos por el personaje popular motivo de estos párrafos.
¡¡No los salvará ni Checheré…!!

