POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Sociólogo – Comunicador Dominicano
triffolio@gmail.com
La realidad del tránsito vehicular en los principales centros poblados del país es a todas luce caótica y estresante.
Por todas partes, la anarquía es evidente y subyugante.
Su dinámica es la viva expresión de lo que nos han llevado a ser como sociedad del desorden y del irrespeto mayúsculo.
Es una manifestación genuina que nos obliga a entender que para muchos dominicanos el otro, poco importa.
Desplazarse en un vehículo de motor por nuestras calles, avenidas y carreteras es una invitación a interiorizar con amargura que vivimos en un régimen de iniciativas individuales regido por la Ley que proyecta como conducta normal “el sálvese quien pueda y haga lo que le venga en gana”.
Es un desastroso y deprimente escenario de contrastes en donde lo corto termina siendo largo y lo breve, interminable.
Pero peor aún, la irresponsabilidad colectiva da notaciones de ser una conducta normal y, por tanto, no parece llamar la atención la necesidad de reglamentar el sistema vial por parte de quienes deben asumir, institucionalmente, su razón de existencia.
situación.
Se desconoce de manera precisa y convincente cuáles proyectos y programas se están diseñando para mejorar este calvario de cada día que estamos padeciendo cuando por una necesidad imperiosa tenemos que usar un vehículo de motor en cualquiera de nuestras importantes ciudades del país.
Luce que todavía no se ha hecho consciencia de lo que este tipo de actividad colectiva implica en materia de salud, convivencia humana y economía en esta media isla digna de mejor suerte.
Sin duda alguna, es una aptitud que además de generar preocupación, refleja una irresponsabilidad mayúscula de quienes tienen el deber de dirigir y normatizar la dinámica del transporte vehicular dominicano, demostrando real y efectivamente, autoridad sin necesidad de agresión física.
Sin exageración alguna, ya es tiempo de un verdadero cambio de visión y comportamiento colectivo diferente.
Nuestro comportamiento cotidiano así lo obliga.
Vayamos a la acción…
