Por: Primitivo Gil.
En los últimos años, hemos sido testigos de una nueva forma de hacer política, una forma que se aleja de la tradicional y que busca conectar de manera más directa con la ciudadanía. Pero, ¿qué pasa con los políticos tradicionales? ¿Están preparados para adaptarse a estos cambios?
La nueva forma de hacer política se basa en la transparencia, la participación ciudadana y la escucha activa de los problemas y demandas de la sociedad. Los políticos ya no pueden limitarse a hacer promesas vacías durante las campañas electorales, sino que deben demostrar con acciones concretas que están comprometidos con el bienestar de los ciudadanos.
Esta nueva forma de hacer política ha sido posible gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación. La aparición de las redes sociales ha facilitado el acceso a la información, la conexión entre las personas y la posibilidad de hacer escuchar la voz de los ciudadanos de forma directa.
Sin embargo, la adaptación de los políticos tradicionales a esta nueva forma de hacer política no ha sido fácil. Muchos de ellos se han resistido a abandonar sus viejas prácticas y se aferran a los métodos tradicionales de llegar al poder. Pero el resultado de esta resistencia es evidente: la pérdida de credibilidad en los políticos y el aumento de la desconfianza hacia las instituciones.
La principal diferencia entre el político tradicional y la nueva forma de hacer política radica en la cercanía con la ciudadanía. Mientras que el político tradicional se preocupa principalmente por mantener el poder y defender sus intereses, el nuevo político se interesa por escuchar y dar respuesta a las demandas de los ciudadanos.
Además, el nuevo político se caracteriza por la transparencia en su gestión, por ser accesible a la ciudadanía y por trabajar de manera colaborativa con otros actores políticos y sociales. Esta nueva forma de hacer política busca construir consensos y soluciones colectivas, en lugar de imponer decisiones unilaterales.
En definitiva, la nueva forma de hacer política es una oportunidad para renovar y fortalecer nuestras instituciones, para generar mayor confianza en el sistema político y para asegurar una participación más activa y real de los ciudadanos en la toma de decisiones. Sin embargo, esto solo será posible si los políticos tradicionales son capaces de adaptarse a los cambios y transformarse en verdaderos representantes de la ciudadanía. El reto está planteado, ¿estarán dispuestos a aceptarlo?
En mi condición de Mercadólogo y Comunicador he querido llevar un poco de consciencia a la clase política, e inclusive a los que corresponden a ésta nueva camada de actores en una de las más hermosas formas de servir como es la política.

