Desplazamiento en Navidad 2025
Por: Primitivo Gil, desde la redacción TP.
Datos del COE confirman que casi la mitad de los dominicanos que solían desplazarse en Nochebuena y Navidad permanecieron en sus hogares, marcados por la presión económica.
La República Dominicana vivió en 2025 una de las Navidades más atípicas de las últimas décadas. Las cifras oficiales del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) revelan una reducción histórica en la movilización de personas durante Nochebuena y Navidad, con apenas 3.5 millones de desplazamientos registrados, lo que representa 2,868,480 personas menos que en 2024, equivalente a una caída del 46.12 %.
Un contraste evidente en calles y carreteras
La disminución no fue solo un dato estadístico. Se reflejó claramente en la cotidianidad nacional: carreteras despejadas, autopistas con bajo flujo vehicular y ciudades inusualmente tranquilas, en una época tradicionalmente marcada por viajes masivos hacia el interior del país para compartir con familiares y seres queridos.
Más que prevención: el peso de la economía
Si bien los operativos de seguridad vial y las campañas de concienciación pudieron influir de manera puntual, autoridades y analistas coinciden en que la causa principal va mucho más allá de la seguridad.
El factor económico se impone como la variable determinante.
La inflación acumulada, el incremento en los precios del combustible y del transporte, junto a una presión sostenida sobre el presupuesto familiar, llevaron a millones de dominicanos a reducir gastos, optar por celebraciones más austeras y renunciar a los tradicionales desplazamientos interurbanos que caracterizan la Navidad en el país.
Un cambio que impacta la cultura
Este comportamiento plantea interrogantes de fondo. La reunión familiar ampliada, el viaje al pueblo de origen y el compartir colectivo han sido pilares culturales de la Navidad dominicana.
Que casi la mitad de esos desplazamientos no se produjera evidencia un ajuste forzado de las tradiciones, condicionado por las realidades económicas actuales.
La magnitud de la reducción confirma que no se trata de un hecho aislado, sino de una señal clara del impacto económico en la vida cotidiana y en las costumbres sociales del país, obligando a las familias a redefinir cómo y con quién celebran las fechas más emblemáticas del calendario.
