Lic. Primitivo Gil periodista Director TPM.
DITORIAL
Haití, 15 años después del terremoto
Hoy se cumplen 15 años del devastador terremoto que sacudió a Haití el 12 de enero de 2010, dejando más de 200,000 muertos y destruyendo gran parte de la infraestructura del país más pobre del hemisferio occidental. Aquella tragedia conmocionó al mundo y generó promesas de reconstrucción que, en su mayoría, nunca se materializaron.
La promesa incumplida de la ayuda internacional
Miles de millones de dólares fueron prometidos para la reconstrucción. Llegaron organizaciones internacionales, gobiernos extranjeros y ONGs con el discurso de «reconstruir mejor». Sin embargo, la realidad es que Haití permanece sumido en una crisis multidimensional: política, económica, social y ahora de seguridad, con bandas armadas controlando gran parte de la capital.
¿Dónde quedó esa ayuda? ¿Por qué un país que recibió tanta atención internacional sigue siendo el más pobre de América? Las respuestas son incómodas: corrupción gubernamental, sí, pero también ineficiencia de la cooperación internacional, proyectos que nunca consideraron las necesidades reales de los haitianos, y una arquitectura de ayuda que benefició más a contratistas extranjeros que a las comunidades locales.
La responsabilidad compartida
Es cierto que gobiernos haitianos corruptos han desviado recursos y perpetuado la miseria de su pueblo. Pero la comunidad internacional tampoco puede lavarse las manos. Francia, que exigió a Haití pagar una deuda de «independencia» hasta 1947; Estados Unidos, con sus repetidas intervenciones militares y políticas; la ONU, cuyas fuerzas de paz introdujeron el cólera que mató a miles más después del terremoto: todos tienen una deuda histórica con este país.
El papel de República Dominicana
República Dominicana, compartiendo la isla de La Española, ha cargado con un peso desproporcionado. Ha acogido a cientos de miles de haitianos, ha brindado servicios de salud y educación, y mantiene relaciones comerciales vitales para Haití. Sin embargo, esta situación también ha generado tensiones legítimas sobre migración, seguridad y recursos limitados.
El camino hacia adelante
Haití no necesita salvadores externos ni paternalismos. Necesita un verdadero compromiso internacional que respete su soberanía, apoyo para fortalecer sus instituciones, inversión en educación y empleo, y sobre todo, que los haitianos puedan decidir su propio destino sin injerencias externas que históricamente han agravado sus problemas.
La pregunta 15 años después no es quién salvará a Haití, sino cuándo la comunidad internacional dejará de ver a esta nación como un problema y comenzará a tratarla como un socio con dignidad y potencial.
El terremoto de 2010 fue un desastre natural. La crisis permanente es creación humana, y como tal, tiene solución humana, si existe voluntad política real.

