NOTA EDITORIAL
Por Primitivo Gil
209.° Aniversario de su Nacimiento
Hoy, al conmemorar el 209.° aniversario del natalicio de Francisco del Rosario Sánchez, la República Dominicana tiene una deuda sagrada: recordar, honrar y sobre todo vivir a la altura de quienes dieron todo por darnos una nación libre. No es un ejercicio de nostalgia; es una necesidad patriótica. Es un llamado urgente a reencontrarnos con los principios que nos fundaron como pueblo.
¿Quién fue Francisco del Rosario Sánchez?
Nacido en Santo Domingo el 9 de marzo de 1817, Francisco del Rosario Sánchez fue uno de los tres Padres de la Patria de la República Dominicana, junto a Juan Pablo Duarte y Ramón Matías Mella. Fue él quien, la noche del 27 de febrero de 1844, dio la señal de inicio de la Independencia Nacional desde la Puerta del Conde, con la bandera tricolor en mano, marcando para siempre el destino de un pueblo. No era un general de carrera, no era un hombre de fortuna.
Era un dominicano convencido de que su tierra merecía ser libre.
Sánchez fue hombre de acción tanto como de principios. Ante la ausencia forzada de Duarte en el exilio, fue él quien tomó las riendas del movimiento independentista y lo llevó a buen puerto. Su valentía no fue impulsiva; fue calculada, firme y profundamente patriótica.
Sus luchas patrióticas: una vida entregada a la libertad
La vida de Francisco del Rosario Sánchez fue una sucesión de sacrificios. Conspiró, fue perseguido, encarcelado y exiliado. Pero cada vez que la Patria lo llamó, él regresó. Combatió no solo a quienes amenazaban la soberanía exterior, sino también a quienes, desde adentro, pretendían traicionar los ideales de la nación libre que tanto costó construir.
Su lucha más dolorosa llegó al final de su vida. En 1861, cuando el presidente Pedro Santana entregó cobardemente la soberanía al volver a la dominación española, Sánchez no guardó silencio. Organizó una expedición desde Haití para reanudar la resistencia. Fue capturado. Y el 4 de julio de 1861 fue fusilado en San Juan de la Maguana. Murió como vivió: de cara a la libertad, de espaldas a la traición.
Su sangre no fue derramada en vano. Tres años después, en 1863, el pueblo dominicano protagonizó la Guerra de la Restauración, recuperando la independencia que hombres como Sánchez pagaron con su vida para que nosotros pudiéramos tenerla.
Un legado que todos los dominicanos deben recordar
El legado de Francisco del Rosario Sánchez no es un monumento en una plaza, ni una fecha en el calendario escolar. Su legado es una exigencia moral que atraviesa generaciones: la de ser fiel a la Patria, sin importar el precio. La de no claudicar ante los poderosos cuando la dignidad nacional está en juego. La de entender que la República no se hereda: se cuida, se defiende y se construye cada día.
Recordarlo hoy, en su 209.° aniversario, no es un acto protocolar. Es un acto de conciencia. Es preguntarnos, con honestidad, si como sociedad estamos siendo dignos de ese sacrificio.
Nuestro rol ante la Patria: volvamos a los principios
Los dominicanos de hoy vivimos en un mundo lleno de ruido, de polarización y de distracciones diseñadas para hacernos olvidar quiénes somos y de dónde venimos. Las redes sociales, la política del espectáculo, el cortoplacismo y la cultura del escándalo nos alejan de lo esencial: el compromiso real con nuestra nación.
Por eso, hoy más que nunca, el llamado es claro: no nos dejemos distraer. Volvamos a los principios de nuestros fundadores. Duarte soñó con una patria libre, justa y soberana. Mella actuó con decisión en el momento de la verdad. Y Sánchez demostró que la coherencia entre lo que se cree y lo que se hace es la más alta forma de patriotismo.
Nuestro rol no es el de espectadores. Cada dominicano, desde su trinchera —el hogar, la empresa, la escuela, la comunidad, el gobierno— tiene la obligación de aportar a una nación mejor. La Patria no se quiere solo con discursos el 27 de febrero o el 16 de agosto. Se quiere con trabajo honesto, con instituciones respetadas, con ciudadanos comprometidos, con líderes íntegros.
Francisco del Rosario Sánchez murió a los 44 años convencido de que la libertad valía más que la vida. ¿Qué menos podemos hacer nosotros, que vivimos en esa libertad que él compró con su sangre, que ser mejores dominicanos? Hoy lo recordamos. Mañana, que nuestras acciones lo honren.
Primitivo Gil
Santo Domingo, 9 de marzo de 2026

