NOTA PERIODÍSTICA AMPLIADA
Exclusivo: Todo en el punto (República Dominicana)
El reverendo Luis Espinosa reabre un debate que tiene raíces de siglos: el lugar de la mujer en una de las instituciones religiosas más antiguas de América.

Un viaje que conecta con la historia
En nuestro recorrido por Estados Unidos en 2025, tuvimos la oportunidad de visitar uno de los templos más cargados de historia en toda la nación: la Primera Iglesia Presbiteriana de Nueva York. Ese encuentro cobra hoy una dimensión especial a la luz del debate que ha encendido el reverendo Luis Espinosa, impulsado por el programa que conduce Roselia Niurka Rivera.
Más de tres siglos de historia
Los presbiterianos en Nueva York se organizaron como iglesia en 1716. La congregación se trasladó de su sitio original en Wall Street a su ubicación actual en la Quinta Avenida, entre las calles 11 y 12, en 1846. (Amazon) Sin embargo, las raíces son aún más profundas: en 1644 se estableció la primera iglesia presbiteriana en Nueva York, y durante las siguientes décadas se siguieron fundando iglesias presbiterianas a lo largo de todo el territorio de las colonias británicas en América. (BITE)
Junto a esta, otra congregación histórica de enorme influencia es la Iglesia Presbiteriana de la Quinta Avenida. Conocida como la «Catedral del Presbiterianismo», jugó un papel decisivo en la fundación del Seminario Teológico de Princeton, el Hospital Presbiteriano de Nueva York y muchas iglesias misioneras. Con su campanario de 286 pies de altura, era el edificio más alto de Manhattan cuando se inauguró en 1875. (Wikipedia)

Los primeros miembros notables de la congregación incluyeron a Oliver Wolcott Jr., ex Secretario del Tesoro; Archibald Gracie, cuya mansión es hoy la residencia del alcalde de Nueva York; y la miembro Joanna Bethune, cofundadora de la primera asociación benéfica para ayudar a mujeres y niños pobres, considerada «la madre de la escuela dominical estadounidense». (Wikipedia).
El presbiterianismo: raíces reformadas
El presbiterianismo deriva su nombre de su forma de gobierno, que se rige por el gobierno de ancianos a través de asambleas representativas. La palabra «presbítero» tiene su origen en el griego πρεσβύτερος (presbiteros), que significa «anciano». Durante la Reforma protestante del siglo XVI, Juan Calvino creía que este sistema de gobierno se basaba en la Biblia. (BITE).
La mujer en la historia presbiteriana: un camino largo
El debate que hoy protagoniza el reverendo Espinosa no es nuevo; tiene décadas de historia. La Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (PCUSA) es conocida precisamente por su postura en cuanto a la ordenación de mujeres y miembros de la comunidad LGBT como ancianos y ministros, siendo la denominación presbiteriana más grande del país. (Wikipedia).
En Latinoamérica, se ordenan mujeres en las iglesias presbiterianas o reformadas desde 1967, en países como Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, entre otros. (Lupa Protestante).
Un caso emblemático en el mundo hispano: la Iglesia Presbiteriana en el Viejo San Juan se honra en haber sido pastoreada por la reverenda Blanca Otaño Rivera, primera mujer hispana ordenada como Ministra de la Palabra y los Sacramentos en la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos de América. (IP Viejo San Juan).
La historia de las Mujeres Presbiterianas comenzó hace más de 200 años. A pesar de las numerosas restricciones sociales de esa época, las organizaciones de mujeres fueron ganando respeto, especialmente las misioneras que solicitaban oración y donaciones para ayudar a los más necesitados. (Mhlp).
El debate de hoy
El reverendo Luis Espinosa llega en un momento en que la tensión entre tradición e inclusión sigue activa dentro de las congregaciones hispanas. Su postura, impulsada desde el programa que conduce Roselia Niurka Rivera, conecta con una conversación global que lleva generaciones en marcha dentro del presbiterianismo. La pregunta ya no es si la mujer puede liderar —la historia demuestra que sí lo ha hecho—, sino cuándo las estructuras institucionales terminan de reconocerlo plenamente.
La iglesia que visitamos en 2025 lleva sobre sus piedras más de tres siglos de transformaciones. Esta es una más.
