SANTO DOMINGO ESTE.— En un ambiente de profunda fe y alegría eclesial, la Catedral de la Diócesis Stella Maris celebró el cuarto día de su Novena Patronal. El motivo central fue la conmemoración del 33.° aniversario de la ordenación sacerdotal de su primer obispo, S.E.R. Mons. Manuel Antonio Ruiz De la Rosa. La solemne Eucaristía estuvo marcada por una masiva muestra de afecto de la comunidad y el clero diocesano.
La celebración eucarística contó con una imponente procesión presbiteral, concelebrando 27 sacerdotes y 3 diáconos, religiosas y familiares del obispo. Junto a una feligresía desbordante, manifestaron su comunión y gratitud por la vida y ministerio de su pastor. Mons. Manuel Ruiz recibió el Orden Sagrado el 10 de julio de 1993 en Bayaguana, por la imposición de manos del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez. Treinta y tres años después, eleva su acción de gracias liderando la joven Diócesis Stella Maris.
Un pastor con olor a oveja y raíces humildes
Durante la Liturgia de la Palabra, el Evangelio proclamado fue San Juan (10, 11-16), texto en el cual Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. En su homilía, el prelado desglosó la unción sacerdotal y exhortó a los presbíteros a conservar la fidelidad absoluta a su ministerio. El obispo reflexionó sobre la figura del Buen Pastor en contraste con el asalariado. Recordó que el verdadero sacerdote no huye ante las dificultades, sino que permanece como refugio seguro para las familias y los afligidos, en total sintonía con el lema de la novena de este año.

Un momento de profunda emoción ocurrió cuando Monseñor Ruiz compartió una anécdota personal de sus años de juventud. Recordó entre risas y nostalgia cómo, en sus inicios, se dedicaba a limpiar zapatos a los pies del Santo Cristo de los Milagros de Bayaguana. «Limpiando zapatos a los pies de este Cristo, me echó mano el Señor para llevarme al seminario», rememoró conmovido. Con esto, enfatizó que Dios no elige a los perfectos, sino que capacita e inclina su mirada hacia los corazones sencillos para ponerlos al servicio de su pueblo.
La parte litúrgica fue solemnizada por el «Coro Fuente de Paz», mientras que el servicio del altar estuvo a cargo del cuerpo de monaguillos de la catedral. En las intenciones de la comunidad, se elevó una sentida súplica por la salud, paciencia y perseverancia de Monseñor Ruiz, así como por el Papa León XIV y el florecimiento de nuevas vocaciones en el país.
Al término de la comunión, el obispo impartió la bendición pontifical. Los delegados parroquiales pronunciaron palabras de felicitación, sellando una noche histórica para esta demarcación religiosa. La comunidad de Los Tres Ojos continuará el desarrollo de sus fiestas patronales bajo el amparo de Nuestra Señora del Carmen, Stella Maris.
