Por Gonzalo Ramírez, abogado y periodista.
Artículo de Opinión.
A pesar del desgaste político y del evidente debilitamiento de la simpatía y popularidad del alcalde Dío Astacio, resulta preocupante que todavía no se logre identificar con claridad a un dirigente de la oposición que reúna las condiciones de idoneidad, autenticidad, liderazgo municipal y fortaleza partidaria necesarias para convertirse en una alternativa real de poder en Santo Domingo Este.
Aunque el rechazo hacia la actual gestión municipal parece crecer cada día entre diversos sectores y fuerzas vivas del municipio, los principales aspirantes opositores aún no consiguen proyectarse como figuras capaces de capitalizar ese descontento ciudadano.
Algunos de los que muestran interés en competir parecen sustentar sus aspiraciones más en la fortaleza de sus partidos y en el respaldo de sus liderazgos nacionales que en un liderazgo propio construido junto a las bases. Se mantienen inmersos en una constante promoción mediática y en un marcado protagonismo personal, confundiendo en ocasiones los “likes” y la visibilidad en redes sociales con apoyo electoral efectivo.
Mientras tanto, muchos de estos dirigentes mantienen una preocupante distancia de los militantes y dirigentes de sus propias organizaciones. No visitan las estructuras partidarias, no escuchan a sus compañeros, no responden llamadas ni mantienen una comunicación fluida con quienes han sostenido históricamente el trabajo político en los territorios. Parecen asumir que todo acercamiento de la dirigencia de base tiene como finalidad solicitar favores personales.
Sin embargo, en los partidos políticos abundan hombres y mujeres con dignidad, compromiso y vocación de servicio, dispuestos a trabajar por las causas colectivas sin necesidad de pedir nada a cambio. Ignorar esa realidad puede convertirse en un grave error para cualquier proyecto político.
Sería oportuno que los dirigentes de la Fuerza del Pueblo y del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) realicen una profunda autoevaluación sobre sus verdaderas posibilidades de conquistar el respaldo mayoritario de los munícipes. Asimismo, deberían propiciar procesos internos abiertos y competitivos, sin dejar el camino libre a quienes suelen mirar por encima del hombro a los llamados “compañeritos”, término utilizado de manera despectiva para referirse a muchos miembros de base.
Santo Domingo Este necesita liderazgos cercanos, auténticos y coherentes. Ojalá surjan aspirantes capaces de relacionarse con sus compañeros y con la ciudadanía sin falsedades, sin cinismo y sin fingimientos, construyendo una propuesta política basada en el respeto, la participación y la confianza.

