
Preguntarme sobre si pienso que Luis Abinader se queda «ahí» (en el gobierno) ha sido casi la pregunta obligada de mis amigos en mi más reciente visita a la ciudad corazón, Santiago de los Caballeros.
Mi respuesta, producto de conclusiones del 2022 es Si, la menos hasta hoy, 2 de Enero 2023.
Luis ha salido más «astuto» de lo que se creía, cuando, incluso, su rival a lo interno, en una irrespetuosa pero normal en él reacción le acuñó como «Tayota»… y salió picante.
No levantando pasiones, con el mote a cuesta, supo cabildear, aliarse, comprometerse y esperar, hasta que el contexto político se puso de su parte y se coló hasta el podium que quería para, a partir de ahí, hacer su gobierno.
Cometió muchos errores, gracias a que el gobernar le lució como un indio que ve un celular, reculando hasta decretos y «bregando» con ministros y directores ávidos de poder con un número significativo de desconocedores a la n potencia del manejo del estado en tiempos de tecnologías y procedimientos.
Torpes con los medios, funcionarios fans a hablar en los medios, error tras error fueron mal andando hasta darles a la oposición un slogan no despreciable: «no saben gobernar».
En ese andar, mes a mes, se fue «arreglando», algunos funcionarios de diferentes niveles se apartan de querer ser divos de la TV y se comenzó «en serio» a gobernar… errores incluidos.
Por lo mixto de los compromisos, Luis tuvo que colocar a personas incluso de pésima reputación y ver que en más de una ocasión algún que otro funcionario era presa de indelicadezas o por qué no decirlo, corrupción.
El método de hacer que renuncien o pidan licencia amenazó con volverse normal y, sacando algunos ejemplos que deambulan vergonzosamente aún en el tren gubernamental, Luis ha conseguido mantener saneado su gabinete… más allá de la teoría, con un Ministerio Público que se mofa de ser independiente pero es muy tibio con los «traviesos» del gobierno en curso.
Este gobierno, torpe en lo mediático, no sabe aprovechar los tópicos importantes como el bono que líquida deudas viejas a viviendas y otros topicos de mucho interés social, ha logrado crear castas para acceder a la publicidad gubernamental como antaño hicieron los morados sin entender que incluso, eso de nada sirvió en el día D que les expulsó del poder.
Luis salió muy astuto y populista, entendió que no puede esperar que sus funcionarios sean santos e incluso, curas, que algunos buscarán hacerse muy ricos en solo cuatro años y que el partido que lo llevó al poder es complejo, diasporizado, sin que ni el como presidente logre bajar líneas y ser obedecido y por ello, es imprescindible ser «viable» más allá de sus compañeros.
Del otro lado de Luis aparece Leonel, resistiendo el reciclaje, oponiéndose a un guión de actualizarse y con muchos meas culpas pendientes, tópicos que en campaña no dejarán que pueda venderse el «producto político» convenientemente a las nuevas generaciones más informadas, instruidas y más críticas a hechos de corrupción e impunidad que fueron matices en sus años gobernando.
Leonel ha logrado crear una estructura basada en los que sufrieron la derrota electoral promovida por él y posiblemente quiera enamorar más a sus antiguos compañeros, pero hay un segmento importante que le acusa precisamente de haber salido del poder y se juegan rotundamente a que él mismo sea quien, ni pidiendo perdón por las casas y carros que tuvieron que entregar o los empleos del que fueron cancelados, sea su aliado.
La Fuerza del Pueblo a crecido más carece en muchos lugares de lideres capaces de mover el voto con pasión y eso, en política, es grave.
Abel es un caso curioso, pues parece haber caído en la trampa de la desesperación.
Todo hace indicar que no es su tiempo y Danilo lo sabía.
Abel queda a merced de tener que ganar la presidencia que cada día se pone más lejos, con salidas significativas luego de haber sido electo en primarias camufladas y con un comité político con integrantes que en un oportunismo extremo, buscarán se «queme» para ellos poder entrar en cuatro años más.
Consultados algunos que antes le apoyaron e incluso Santiagueros que están felices con su gestión, afirman no le votarán y su pregunta es: ¿se queda ahí Luis… verdad?
Desde el inicio de gobierno varias veces admitía que el PLD está muy desmejorado y como único Leonel se «enganchaba» nueva vez era si una dura crisis mundial acontecía y el presidente Abinader no la podría manejar.
Luis tuvo que gobernar en pandemia, resistir las crecidas de precios gracias a la inflación post pandemia, la crisis en las cadenas de suministros mundiales y las «tropelías» de algunos funcionarios… y parece sale airoso con un partido que le ayuda poco o nada.
Su gobierno ha estado matizado por campañas de tontos, eligiendo al mejor funcionario o al peor y otra de dizque conozca sus ministros y directores, algunos de ellos suspendidos hoy o peor, destituidos.
Luis cuenta con una línea de seguidores y amigos que piensan como él, que saben que deben sortear momentos crudos a lo interno del partido y hacia afuera.
Si las cosas siguen así, más allá de cuasi encuestas increíbles que inundan las redes, parece que sí, se queda.
@fdo_buitrago
