Juan A. Cruz Triffolio
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Sociólogo – Comunicador Dominicano
trifolio@gmail.com
Los trinitarios, febreristas, brillaron al inicio.
Fueron estelares.
Su coraje encendió el proyecto independentista emergiendo la República que todos soñaron con un lienzo tricolor impresionante.
Después su pensamiento y actuación cambiaron, flaquearon.
Ante la propuesta política del patricio Juan Pablo Duarte y Diez mostraron inconsistencia.
La dispersión llegó rápida luego del grito y el trabucazo de aquella noche gloriosa de 1844 en el Baluarte del Conde cuando la duda se adueñó de todos.
Ante la visión y accionar del patricio Duarte, sus pasos se hicieron inconsistentes.
Tal decisión no anula su entrega y sacrificio por una nación libre.
Sus intervenciones fueron valiosas y decorosas.
Pero esa fisura les costó, a algunos de ellos, altura y peso histórico restándoles categoría de patricios plenos.
Pina, quien estaba en Curazao exiliado, debió acompañar a Duarte en su aventura de apoyo al Gobierno Restaurador lo que no pudo hacer por encontrase enfermo. Aunque Pina mantuvo su patriotismo intacto, había tomado la decisión de adoptar la ciudadanía venezolana, lugar donde ejerció funciones públicas; José María Serra “sirvió el cargo de oficial mayor del ministerio de Justicia e Instrucción Pública durante la primera administración de Santana y a la caída de Jiménez se ausentó del país, al cual no volvió jamás, estableciéndose en Mayagüez, Puerto Rico, donde consagró sus energías al periodismo y a la enseñanza”. Félix María Ruiz, quien se ganaba la vida como encuadernador de libros y maestro, se estableció en Venezuela, desde donde nunca regresó; Benito González después de establecerse la República decidió no participar más en política y se dedicó al ejercicio de la abogacía”.
Observado lo anterior, queda en evidencia que una espaciosa sombra de inconsistencia, luego de la proclamación de la Independencia Nacional, arropó, dolorosamente, la visión, misión y acción de Duarte valores que lo catapultaron, por y para siempre, como un auténtico Padre de la Patria, merecedor de la lealtad y la firmeza.
Esa opacidad proyectada por algunos de los trinitarios en sus decisiones y comportamiento y quienes habían jurado por la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente para dar paso a una realidad social y política diferente, luce ser parecida a la que exhiben muchos de los que posteriormente han ejercido el poder político y el liderazgo nacional.
Tal fragilidad se volvió patrón anteponiendo el interés al principio.
Quizás no lo buscaron.
Tal vez no lo midieron.
Al alejarse de Juan Pablo Duarte y Diez, redujeron su dimensión histórica.
Se distanciaron, penosamente, de lo que significa ser patricio.
Así de simple.
Así de evidente.
Pero real…

