Prof. Juan López Reflexiones.
Por JUAN LÓPEZ
El co-presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, declaró públicamente, el pasado martes lo siguiente: “En Nicaragua no se volverán a realizar elecciones…” Esas insólitas palabras dejaron estupefacto y llenaron de vergüenza a la población latinoamericana y, en particular, a los sectores progresistas. Sin lugar a dudas, fueron expresiones productos de efectos de ¡haber ingerido sustancias alucinógenas o por estar borracho de poder!
Como se recordará, las organizaciones y líderes progresistas latinoamericanos manifestaron amplia solidaridad con la lucha que, a través del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), libró el pueblo nicaragüense contra la cruenta dictadura de Anastasio Somoza. El mundo progresista celebró el triunfo de la revolución sandinista, en 1979.
Luego de transcurrir más de cuarenta y cinco años, con 29 años de gobiernos del FSLN, las informaciones que los medios de comunicación y redes sociales nos ofrecen sobre la situación que, actualmente, afecta a Nicaragua, son muy preocupantes y están provocando que la comunidad internacional, nuevamente vuelva a reclamar libertad para presos políticos y a exigir respeto a los derechos humanos, y por la realización de elecciones libres, democráticas, equitativas y transparentes para Nicaragua.
Daniel Ortega fue Coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (1981-84), Presidente en 1985-90. Volvió a la presidencia para el período 2007-12 y se reeligió para los períodos 2012-17, 2017-22 y 2022-27. En los últimos dos períodos con su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta y luego co-presidenta.
Manchando con sangre, dolor y luto el nombre de la “revolución sandinista”, los co-presidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo, una mancuerna de envejecientes, están ejerciendo una oprobiosa dictadura en Nicaragua, para lo cual han realizado múltiples cambios a la constitución política y ahora pretenden eternizarse en el poder, mediante recursos ilegítimos y haciendo uso y abuso de todos los recursos del poder usurpado.

