Internacional
El hombre que nació en la pobreza, que de niño fue lustrabotas y llegó a ser llamado «el político más popular del mundo», ha vuelto a asombrar.
Brasil
Menos de tres años después de salir de la cárcel por una condena de corrupción que parecía apagar su brillo político y que luego resultó anulada, Luiz Inácio Lula da Silva fue electo presidente de Brasil este domingo por tercera vez.
«Considero que tuve un proceso de resurrección en la política brasileña. Intentaron enterrarme vivo y ahora estoy aquí para gobernar el país», dijo este domingo al celebrar su triunfo.
Lula venció al ultraderechista Jair Bolsonaro, el primer mandatario brasileño derrotado en un intento de ser reelecto en los últimos 24 años.
De acuerdo con los resultados oficiales con el 99,55% de las actas contadas, Lula obtuvo 50,88% de los votos, mientras Bolsonaro logró 49,12%.
Así Lula, otrora un joven tímido y desinteresado en la política, regresa a la presidencia que ya ejerció en dos mandatos consecutivos entre 2003 y 2010, confirmándose como el líder más popular e influyente del siglo del mayor país de América Latina, pese a los escándalos que mancharon sus gobiernos.
«Lula es un fenómeno político y electoral que debería ser de gran interés para el mundo», señala John French, profesor de historia en la universidad estadounidense de Duke y autor de una biografía sobre Lula.
«No hay ninguna razón para esperar que una persona de su origen llegara a donde llegó. Y cada etapa de su vida ha sido una sorpresa», le dice French a BBC Mundo.
La primera liberación
Nacido el 27 de octubre de 1945 en Pernambuco, estado del noreste pobre de Brasil, Luiz Inázio fue el séptimo de ocho hijos de un matrimonio de agricultores analfabetos.
Su infancia fue compleja.
Su papá los abandonó poco antes de que él naciera, para trabajar como estibador en Santos, en el estado de São Paulo, donde formó otra familia con una prima de su esposa.
Lula lo conoció recién a los 5 años, cuando regresó a visitarlos brevemente.
Un par de años después -y luego de que uno de sus hermanos mayores escribiera una carta haciéndose pasar por el padre en la que les pedía que se reunieran con él-, la madre de Lula, «doña Lindu», partió al sur con todos sus hijos.
Pero no duró mucho, y la familia original del patriarca migró otra vez, ahora a la gran ciudad de São Paulo.
Lula ha dicho que la separación de sus padres «en el fondo fue una gran liberación» para él, porque el papá era agresivo y contrario a la educación de sus hijos.
Soy «tornero mecánico»
Entre su niñez y adolescencia, Lula fue vendedor callejero, lustrador de zapatos, repartidor de una tintorería y ayudante de oficina.
Dejó la escuela a los 14 años y antes de los 20 se formó y trabajó en tornería mecánica, algo que con los años él mismo convirtió en una seña de identidad.
«Si me preguntan si soy de izquierda o derecha, voy a responderles: soy tornero mecánico de profesión, católico por opción religiosa y corinthiano (entusiasta del club Corinthians Paulista) por opción futbolística», respondió en 2006, siendo presidente, cuando un periodista le preguntó sobre su ideología y eludió con astucia una definición más clara.
Aquellos años de penurias, sacrificios y búsqueda de oportunidades, que Lula suele evocar hasta hoy en sus discursos, le han permitido sintonizar mejor que otros políticos con los votantes de bajos recursos y escolaridad.
«Lula conoce mucho la cultura, los jeitos (costumbres) del pueblo brasileño. Y la política es también el arte de la comunicación: ese es su fuerte«, le dice a BBC Mundo el expresidente uruguayo José «Pepe» Mujica, quien tiene una relación estrecha con Da Silva.
«Una escuela de política»
Según ha contado el propio Lula, su verdadera pasión de adolescencia y juventud fue el fútbol: jugarlo y seguirlo por las noticias. La política no le interesaba mayormente.
poco después designó a Moro como su ministro de Justicia.
Lula pasó 19 meses preso y fue liberado por el Supremo Tribunal Federal, que en 2021 anuló sus condenas por errores en los procesos y falta de imparcialidad de Moro.
Sus críticos sostienen que ese desenlace nunca fue una demostración de su inocencia. Él, en cambio, afirma que jamás tuvo conocimiento de la corrupción y que fue perseguido judicialmente por motivos políticos.
Este domingo, la mayoría de los votantes brasileños volvió a depositar su confianza en Lula, quien sobrevivió a un cáncer de laringe en 2011 y que, tras enviudar en 2017 de Marisa Letícia, se volvió a casar en mayo de este año con Rosângela da Silva, una socióloga de 56 años también conocida como «Janja».
En la campaña, destacó con voz ronca sus logros como gobernante e hizo poca autocrítica.
Brasil hoy parece desolado tras una pandemia de covid que mató más de 685.000 personas y que fue desestimada por Bolsonaro, una reciente recesión que volvió a sumergir a millones en la pobreza, un gasto fiscal disparado y una polarización política inquietante.
Los expertos creen que Lula enfrentará en su nuevo gobierno, que se inicia el 1 de enero de 2023, retos mayores que los que tenía cuando llegó al poder por primera vez en 2003.
«El desafío de Lula es proponer políticas que sean sustentables y de hecho puedan cambiar este escenario, tanto desde el punto de vista macroeconómico como social», apunta Magna Inácio, profesora de ciencia política en la Universidad Federal de Minas Gerais.
Y agrega que evitar nuevos escándalos de corrupción también será un reto vital del presidente electo.
«Desde el punto de vista de sobrevivencia del propio gobierno, esa es una cuestión muy sensible», dice Inácio a BBC Mundo. «Esperamos que sea un aprendizaje para el PT y que tenga estrategias más eficientes para lidiar con esos riesgos».
Todo indica que el capítulo que marcará el legado final de Lula recién empieza a escribirse.
Fuente Externa:
bbcmundo / otras.
